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Muchas veces sentimos y observamos que la ayuda que ofrecemos no «llega» allí donde estaba puesta la mirada y dejan de obtenerse  los resultados esperados.

Os dejo una serie de artículos que espero sean de vuestro interés:

Quietud del corazón

Cuán difícil nos resulta mantener nuestro corazón en calma a pesar de ser un deseo universal en cada uno de nosotros. Deseamos fluir, vivir el amor en toda su expresión, sentir alegría, paz, quietud… ¿Pero que nos estamos olvidando en el camino para que este estado se produzca y se instale de modo constante?

Os dejo un extracto del libro «Círculo cumplido» . (Hellinger, Bert, pág.106) que espero os sea de utilidad.

De San Agustín conocemos la afirmación: » Nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». ¿Qué nos dice esa frase hoy? ¿Cómo encontramos la quietud del corazón, la quietud del alma, la quietud del espíritu en la vida cotidiana?

Encontraremos esa quietud cuando asentimos a todo aquello que nos mueve tal como es, cuando asentimos a nosotros mismos tal como somos y cuando nos sintonizamos con aquello que antes quizás no queríamos registrar, cuando ya no nos defendemos ante aquello que parecía interponerse en nuestro camino.

Cuando hemos encontrado esa quietud del corazón también estamos en sintonía con nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros ancestros, nuestro destino. Cuando asentimos a nuestra pareja tal como es, sin el deseo de querer modificarla de alguna manera, también con esa pareja estamos en paz y logramos la quietud.

Y si tenemos hijos y asentimos a ellos tal como son con su destino especial, sus habilidades especiales, sus límites especiales, su amor especial, estamos en paz y encontramos la quietud.

Cuando interactuamos con otros grupos que tal vez parecen difíciles y tememos que estén en nuestra contra y si, a pesar de ello, asentimos a ellos como tal como son, tal cual son, encontramos la quietud y quizás para ellos nos volvemos irresistibles.

Desde la quietud del corazón también podemos sintonizarnos con otros estratos sociales, otras religiones, otras razas, otros pueblos. Cuando asentimos a ellos tal como son, el recelo se acaba.